Cómo funciona lo sagrado

Lavarse las manos en un lugar o tiempo sagrado tiene un significado que trasciende la simple limpieza de esta parte del cuerpo, lo mismo que descalzarse para entrar en un templo budista. 
Ambas tradiciones hacen referencia a la dimensión espiritual que acompaña al hombre desde tiempos inmemoriales, probablemente desde siempre.

Éste es el último capítulo dedicado a la idea de sagradodespués de Lo profano y lo sagrado y Por qué los seres mitológicos.

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Para un no-creyente los espacios y las cosas sagradas pueden resultar algo curioso aunque neutro, incluso sabiendo que son importantes para otras personas. Quizá un motivo para hacer turismo.
Para los creyentes es muy distinto.

Una de las características de la historia sagrada de los pueblos es que se proyecta en el presente y hacia el futuro. Les saca del caos para ordenar sus vidas, orientar su comportamiento y desvelar la auténtica realidad en un mundo de falsas apariencias. Y para ello se sirve, entre otras cosas, de los espacios sagrados y de algunos objetos consagrados.

Los templos son lugares en los que sentir sosiego y protección. No son fortalezas materialmente inexpugnables, no es esa su función, son fortalezas en el sentido espiritual, trascendente. 

Y por el mismo principio, al descalzarse antes de entrar en un templo budista, no sólo se deja fuera la suciedad adherida a la suela, fundamentalmente se dejan las impurezas del espíritu, las emociones negativas, aquellas que aturden la mente y producen desasosiego.

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Lavarse las manos ayuda a eliminar la suciedad física, pero hacerlo como parte de un ritual en un lugar o en un tiempo sagrados purifica el alma de los pecados del espíritu. Lo hacen los hindúes, los musulmanes, los cristianos y otras muchas religiones. 
Lavarse las manos en un templo como el de Erawan en Bangkok, renueva el compromiso del Dharma y ayuda a limpiar las huellas de errores pasados.

Lo sagrado también sirve para colonizar y orientar el espacio. En muchas poblaciones puede encontrarse el llamado “pilar de la ciudad”. Una columna sagrada que marca el centro espiritual, y en el caso de Bangkok también el kilómetro cero del país. 

De la misma manera que cuando se trazan mapas y carreteras se humaniza el territorio salvaje, incluso se trocea y lo hacemos nuestro, las construcciones sagradas hacen lo propio con la dimensión espiritual del espacio, lo someten y le dan un orden que nos protege de las criaturas que pudiesen habitarlo. Sin la ayuda de lo sagrado triunfaría el caos que tiempo atrás reinó en el territorio de 'Mordor'.

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Las columnas sostienen simbólicamente la ciudad y la comunican con la esfera celeste, por lo que encierran una enorme fuerza. Para que actúen de manera favorable sobre las cosas importantes de la vida ordinaria, como la protección de la salud o la fertilidad, es necesario que el interesado propicie su acción benéfica a través de determinados rituales y ceremonias.

La civilización occidental ha desacralizado los espacios sagrados y los símbolos que sustentaban las cosmologías antiguas, de manera que han perdido su sentido y el poder mágico religioso que atesoraban. Ahora nos queda su interés artístico y como recuerdo del pensamiento del pasado.

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En muchos de los templos de Tailandia podremos ver una especie de mojones rodeando el ubosot, se llaman bai sema y su función es precisamente delimitar un recinto imaginario que define un espacio sagrado.

Nos advierten de que el significado de aquello que contienen y las acciones que allí suceden tienen una naturaleza sagrada y, por lo tanto, que trascienden de lo que nuestros sentidos pueden percibir.

El significado simbólico de las cosas también se proyecta en el comportamiento social.
La cabeza es el lugar más sagrado del cuerpo, en el que reside el espíritu de las 'esencias de la vida'. Por este motivo es de mala educación tocar el pelo de las personas, especialmente si son mayores.
En el otro extremo del cuerpo, los pies se asocian a la suciedad y el descuido. Esta es la razón por la que debemos evitar que al sentarnos en un templo éstos apunten a objetos sagrados, como la estatua principal de Buda.

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